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La Cruz en la historia rusa
En Rusia, la palabra "Cruz "(de la iglesia eslava Krist, que significaba" Cristo") vino junto con el Bautismo en el siglo X. Llevada en el pecho, "en el corazón", la Cruz se convirtió no solo en un signo distintivo del cristiano. Para cada creyente, él es un recordatorio del pacto del Salvador: "si alguien quiere seguirme, aléjate de TI mismo, y toma tu Cruz y Sígueme". La Cruz es un Don recibido en el Sacramento del Bautismo, un santuario que una persona lleva toda su vida, a menudo sin quitarse incluso durante el sueño o el trabajo duro. Las cruces rusas más antiguas eran de cuatro puntas, con extremos iguales, y en la era pre-Mongol se extendieron los encolpios (arca de dos hojas para almacenar reliquias). Con el tiempo, la forma se complicó: aparecieron imágenes de un Crucifijo, nuestra señora, apóstoles, arcángeles, y en los siglos XVI–XVII, bajo la influencia del barroco de Moscú, las cruces adquirieron un complejo y exquisito plástico.
La continuación de las tradiciones
Es esta profunda tradición, no la estilización, sino la continuidad viva que inspira al joyero Vladimir Mikhailov. Su colección de cruces se dirige a auténticos ejemplos del antiguo arte ruso, donde la belleza no nace de la gracia externa, sino de la arquitectura austera de la forma, los gráficos claros de imágenes en miniatura y el exquisito ritmo de la ornamentación histórica. Trabajando en la técnica revivida de los plásticos pequeños de Novgorod, el maestro crea cruces en las que la noble simplicidad de las líneas se encuentra junto con el estudio de filigrana de los detalles, ya sea la cara del Salvador, la antigua ligadura de oración o el estricto patrón de plantas.
Santuario personal
Cada Cruz de Vladimir Mikhailov no es solo una obra de alta joyería, sino también una continuación de una tradición milenaria: fue creada para convertirse en un santuario personal y una reliquia familiar que se transmitirá de generación en generación. El artista mismo dice: "la Belleza es la perfección, ¡y la perfección es el Señor!». En estas palabras está la esencia de su hazaña creativa, donde la fe y la habilidad son inseparables.